En honor y gloria de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo
¡Amantísima Madre de dios y Madre nuestra!: aquí tenéis humildemente postrada a vuestros pies a esta Hija de vuestra predilección, nuestra Orden de Ermitaños Recoletos de San Agustín, que hoy se consagra a vuestro servicio y a vuestro santo amor, y por vuestra mediación, a vuestro Santísimo Hijo Jesús.
Vos sabéis, ¡Oh Madre amadísima! Que desde los primeros días de nuestra existencia, desde la cuna misma de la Recolección hemos sido siempre vuestros, y vuestros queremos ser perpetuamente. Animados por el espíritu de nuestros santos fundadores queremos en este día renovar en vuestra presencia aquellos sentimientos de amor y gratitud, de devoción ardiente que ellos os profesaron, haciéndoos total entrega de cuanto somos y tenemos, para que de ahora en adelante dispongáis de nuestros como mejor os plazca; pues sólo anhelamos cumplir vuestra santa voluntad. Vos, Señora nuestra, habéis regido siempre los destinos de nuestra Orden y habéis dirigido nuestros pasos. Vos habéis iluminado nuestras inteligencias para seguir sin vacilar las enseñanzas de la Santa Iglesia, y habéis inflamado nuestros corazones en vuestro amor y en el de vuestro divino Jesús para realizar grandes cosas por vuestro honor. Deseando caminar por esta senda de luz y amor que nos han trazado nuestros antepasados, venimos hoy, ¡Oh Madre querida ¡ a conságranos no sólo nuestras personas y nuestros actos, sino también esta Corporación Agustiniana Recolecta de la que somos hijos.
Os consagramos, pues, ahora y os dedicamos solemnemente, y ponemos en vuestras divinas manos, nuestra amada Orden, con todos y cada uno de los religiosos que la forman, y con todas la Provincias, Conventos, Colegios y Casas que lo integran. Os consagramos la ciencia de nuestros sabios, la virtud de nuestros santos, el celo de nuestros misioneros y el heroísmo de nuestros apóstoles y mártires; os hacemos perpetua entrega de los Superiores y súbditos, de los jóvenes y ancianos, y de todos los hijos de la Recolección Agustiniana. En vuestras manos virginales ponemos, ¡Oh Madre amantísima! Nuestras almas con todas sus aspiraciones, nuestro corazón con sus afectos, nuestras potencias y sentidos, nuestros proyectos y necesidades, todo nuestro ser, toda nuestra vida, todo cuanto somos y poseemos, para que todo conspire siempre a honraros y glorificaros y amaros a Vos y en Vos a vuestro divino Hijo Jesús.
Reinad, Señora y querida Madre nuestra, reinad en nuestra Orden como en cosa y posesión vuestra; reinad en todos sus hijos para que todos sean esclavos de vuestro amor, y dignaos ratificar ante vuestro amantísimo Hijo Jesús esta consagración que acabamos de hacer para que cumpliéndola como Vos deseáis, vivamos siempre entregados a vuestro santo amor y muramos en el ósculo del Señor y cobijados bajo el manto de vuestra maternal protección. AMEN
P. Vicente Soler de San Luis Gonzága, OAR
|

 Ampliar foto
 Ampliar foto
|