DEJEMOS QUE NUESTRO DOLOR SE TRANSFORME EN EL DOLOR
- por: Diác. Julián
Tu dolor, profundo como es, se relaciona con circunstancias específicas. No sufres en abstrato. Sufres porque alguien te hiere en un momento particular y en un lugar particular. Tus sentimientos de rechazo, de abandono y de inutilidad están arraigados en acontecimientos de lo más concreto. De este modo, todo sufrimiento es único. Esto es eminentemente cierto respecto del sufrimiento de Jesús. Sus discípulos lo abandonaron, Pilato lo condenó, los soldados romanos lo torturaron y lo crucificaron.
Sin embargo, mientras sigas apuntando a lo específico, se te escapará el pleno significado de tu dolor. Te engañarás al creer que, si la gente, las circunstancias y los acontecimientos hubiesen sido diferentes, tu dolor no existiría. Esto puede ser parcialmente cierto, pero la verdad más profunda es que la situación que produjo tu dolor no fue más que la forma en la cual entraste en contacto con la condición humana del sufrimiento. Tu dolor es el modo concreto en que participas del dolor de la humanidad.
Una vez que descubres que se te convoca a vivir en solidaridad con los que pasan hambre, los que no tienen casa, los prisioneros, los refugiados, los enfermos y los agonizantes, tu dolor personal mismo empieza a transformarse en el dolor, y encuentras nueva fuerza para superarlo. Aquí reside la esperanza de todos los cristianos.
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